lunes, 25 de abril de 2011
Feroz
La muerte es puntual. E impaciente. Basta una mirada suya para dejarnos hechos piedra. Es la Medusa del cuento. El Feroz y yo lo platicamos muchas veces, esperando nunca enfrentarnos a ella. Le sacamos la vuelta. Mejor hablar de futbol, de beisbol, de libros, de Sabina y de Serrat. Imaginábamos, como Anthony Queen, que Dios nos vería en la eternidad y nos diría: "Lo comprendo". En Navolato, en el San Pedro que quería ser paraíso, jugamos a que la Luna se fragmentaba en una pila de agua. Vimos las estrellas e inventamos constelaciones para nuestro horóscopo personal, para nuestro destino último y venturoso. Nunca esperamos que fuéramos a vivir el final -o el principio- de una novela negra. Pero la vida así es: comienza o acaba como una novela negra. Ahora estoy navegando en una botella de whisky de una sola malta. A él le hubiera gustado. A él le gustaba. No creo en historias fatales. Pero nos despedimos la última noche de Culiacán como si no fuera a haber otra temporada. Era una noche en Las Quintas, con la luna llena, cuando juramos que nos volveríamos a juntar. Será en otra ocasión. Llegaremos, Laura, el Feroz y yo, a la verja del más allá con una hielera llena de cervezas y hielo. Un hombre muy viejo, con unas alas muy grandes, nos abrirá las puertas de otro San Pedro. Nos verá y dirá: "¡Ay, cabrones! Pero los comprendo..."
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Francamente emotivo y hermoso.
ResponderEliminarUn abrazo Luis Gerardo.
Lluis Cid i Pont
Un abrazo, Gerardo.
ResponderEliminarMis palabras para El Feroz:
http://www.noroeste.com.mx/publicaciones.php?id=681932