lunes, 19 de julio de 2010
sábado, 17 de julio de 2010
Recuerdos tapatíos I: Hace muchos años, cuando estaba en el Instituto de Ciencias de Guadalajara, acostumbraba pasar parte de las vacaciones en los "ejercicios espirituales" de los jesuitas. Eran en Lomas del Valle, en la "Villa María". Un día, en la evaluación final, pidieron nuestras sugerencias para mejorar. Yo les dije que porqué no le cambiaban el nombre al retiro -por aquello de los "ejercicios"- y en lugar de nombrarlo "Villa María" le ponían "San Gimnasio de Loyola". El cura que preguntó se volvió para otro lado y punto. Y la cancha para la calistenia espiritual siguió llamándose igual.
Recuerdos tapatíos II: En el seminario donde pasé mi adolescencia, nos permitían poner nuestra propia música en los desayunos de los sábados. Cuando descubrí a Serrat y a Miguel Hernández se me ocurrió poner el disco. Sonaba "pena con pena y pena desayuno/ pena es mi paz y pena mi batalla/ perro que ni me deja ni se calla/ siempre a su dueño fiel, pero importuno" cuando el cura prefecto se levantó y dijo: "Quiten a ese tipo que siempre está llorando". Cambió el disco por uno de Antonio Aguilar y puso una canción que decía: "me agarró la policia/ y me dieron para dentro/ estuvo muy feo, feo, feo/ las macanas tenian tunas/ por eso vengo sangriento..." Fue cuando empecé a perderle respeto a la jerarquía.
Recuerdos tapatíos II: En el seminario donde pasé mi adolescencia, nos permitían poner nuestra propia música en los desayunos de los sábados. Cuando descubrí a Serrat y a Miguel Hernández se me ocurrió poner el disco. Sonaba "pena con pena y pena desayuno/ pena es mi paz y pena mi batalla/ perro que ni me deja ni se calla/ siempre a su dueño fiel, pero importuno" cuando el cura prefecto se levantó y dijo: "Quiten a ese tipo que siempre está llorando". Cambió el disco por uno de Antonio Aguilar y puso una canción que decía: "me agarró la policia/ y me dieron para dentro/ estuvo muy feo, feo, feo/ las macanas tenian tunas/ por eso vengo sangriento..." Fue cuando empecé a perderle respeto a la jerarquía.
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domingo, 11 de julio de 2010
Mercedes Yolanda
Te recuerdo, Yolanda, como la primera vez que te vi. Lozana y fuerte, con tu mirada de serenidad severa. Recuerdo que fuiste mi primer hogar en esta ciudad ominosa; tu cara de sorpresa cuando dejé la cama de tu cuarto de huéspedes bien hecha, a pesar de los rebeldes pliegues de la colcha tejida por ti en urdimbres inexpulgables.
Te recuerdo en mi boda, con los anillos de Wilfredo y Merceditas en tus manos como una premonición firme de mi futuro. Recuerdo tu impaciencia y tu soledad. Tus paseos por San Pedro y las macetas de tu jardín. Recuerdo nuestros desayunos dominicales y tus amores inacabados, siempre ausentes.
Quiero decirte que la Bruja está triste, pero serena.
Y que te imagino enfrente del iglesia del Padre Cuco, a la espera de un camión que algún día va a llegar.
Ese camión llegó, Yolanda, y vas a bordo de un viaje sin retorno, pero con destino cierto.
Y yo me desvelo tratando de alisar esa colcha fina, de urdimbres inacabables.
No para inciar el día, sino para conciliar el sueño en esta noche ciega...
Te recuerdo en mi boda, con los anillos de Wilfredo y Merceditas en tus manos como una premonición firme de mi futuro. Recuerdo tu impaciencia y tu soledad. Tus paseos por San Pedro y las macetas de tu jardín. Recuerdo nuestros desayunos dominicales y tus amores inacabados, siempre ausentes.
Quiero decirte que la Bruja está triste, pero serena.
Y que te imagino enfrente del iglesia del Padre Cuco, a la espera de un camión que algún día va a llegar.
Ese camión llegó, Yolanda, y vas a bordo de un viaje sin retorno, pero con destino cierto.
Y yo me desvelo tratando de alisar esa colcha fina, de urdimbres inacabables.
No para inciar el día, sino para conciliar el sueño en esta noche ciega...
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