martes, 21 de septiembre de 2010

Juan José Arreola

Este almacén trae hoy a la memoria a Juan José Arreola, el literato jalisciense nacido en Zapotlán el Grande, Jalisco, un día como hoy, pero de 1918. Arreola escribió cinco libros memorables: Varia Invención, Bestiario, Palíndroma, Confabulario (todos ellos colecciones de cuentos) y la novela La feria.

En varias ocasiones entrevisté al maestro pero tengo fija en mi memoria la primera vez que nos citamos en Ciudad Guzmán, allá por 1981: llegó a bordo de una moto tipo vespa, con saco negro de terciopelo, pantalón gris de lana y tenis blancos. Parecía sacado de un cuento de Chanoc, en los que era asiduo personaje. Estaba en su momento: aparecía también con frecuencia en la televisión (Televisa e Imevisión, indistintamente), publicaba su columna en la cadena de los soles y era profeta en su propia tierra. Tenía una casa en las laderas del Volcán Colima, desde cuyos ventanales se dominaba todo Zapotlán. Decía, entre sorbo y sorbo de “clarete” –mezcla a partes iguales de vino tinto y blanco-, que le gustaría poner unas cuerdas de piso a techo en la sala y convertir su casa en un instrumento musical -una especie de arpa-, para crear una sonata para casa y flauta.

Arreola pasó sus últimos días por una difícil situación: una enfermedad convirtió su ilustre inteligencia en una isla; era un náufrago sin remedio, a la orilla de ese mar que todos desconocemos. No puedo menos que entristecerme y extrañar el prodigio de su elocuencia, su erudición y el deseado monólogo en que él convertía toda conversación.

Para guardar en el almacén: “Amo el lenguaje por sobre todas las cosas y venero a los que mediante la palabra han manifestado el espíritu, desde Isaías a Franz Kafka. Desconfío de casi toda la literatura contemporánea. Vivo rodeado por sombras clásicas y benévolas que protegen mi sueño de escritor. Pero también por los jóvenes que harán la nueva literatura mexicana: en ellos delego la tarea que no he podido realizar. Para facilitarla, les cuento todos los días lo que aprendí en las pocas horas en que mi boca estuvo gobernada por el otro. Lo que oí, un solo instante, a través de la zarza ardiente”. Juan José Arreola, (que fue Jonás en el vientre de la ballena y Mateo evangelista en muchos de sus cuentos) en “De Memoria y Olvido”, Confabulario.

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